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De entre todos los elementos vegetales, las flores sobresalen por sus formas, colorido, aroma… hasta el punto que pueden llenar todos nuestros sentidos:
Vista: el regalo de una flor o ramo, con un lenguaje propio. Algunas flores determinan nombres de colores, como el rosa o el lila. Están presentes en todas las ceremonias del ciclo vital de las personas: bodas, nacimientos, funerales…
Tacto: Importancia de “tocar” con las propias manos, trabajar la tierra, mientras se planta una semilla, se corta un clavel o se arregla un ramo de margaritas.
Oído: Poesía. Qué poeta no ha cantado a su amada utilizando la imagen de una flor? Las flores también dan lugar a nombres de personas como Rosa, Narciso, Margarita, Violeta…
Olfato: Los hombres han llegado a capturar la fragancia de las flores para desarrollar perfumes que sugieren mil secretos. Desde la conocidísima Agua de rosas hasta la infinidad…
Gusto: Gastronomía floral:
Hay más de 250 especies de flores comestibles en el mundo y desde hace miles de años casi todas las culturas incorporan algún ingrediente de este tipo en su cocina. Desde la gastronomía hindú hasta la cocina griega, pasando por la afición china de beber té de flores -flor de loto, capuchinas, madreselvas, azucenas, crisantemos, rosas y amarantos-. Es una natural forma de aportar sabores, olores y colores originales a los platos.
En nuestra tradición occidental las flores comestibles más conocidas son las procedentes de verduras: alcachofas, bróculi, col, coliflor, flores de calabacín, guisantes de olor…
Otras flores más originales son los pensamientos, claveles, caléndulas, capuchinas, margaritas, geranios aromáticos, rosas, violetas, primulas, orquídeas, fucsia, begonias, amapolas, crisantemos, gladiolos, salvia, etc.
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